SOBRE LA CONCIENCIA DE LA DIGNIDAD HUMANA

Estamos en la época del desgobierno generalizado de la mano con un seudopatriotismo, por aquello de la crítica del gobierno y la coincidencia del bicentenario de una de las batallas insignes en la constitución de la República de Colombia.

Nos pasamos la existencia buscando responsables de acá y acullá, del pasado y del presente, que cuál gobernante fue mejor y cuál cumplió sus propuestas, guardamos silencio cómplice ante las adversidades y las injusticias, pero siempre recordando a las personas, a los sistemas a lo propuesto.

¿Dónde hacer el énfasis de entender la conciencia de la dignidad humana? Es a través de la historia. Recordando a los próceres de la independencia, cantar el himno nacional y el juramento a la bandera, desarrollando nacionalismo, ese que está perdido hace muchos años, precisamente por los inventos de los legisladores y del cambio del pénsum educativo; se modificó esa educación ético liberadora por la educación de la corrupción, los valores y principios fueron a dar al cajón de los recuerdos, pues ya no son esa línea de pensamiento liberador, estamos atados a otros eventos, a otros hábitos en donde la transversalidad y lo formativo se apartaron de esos cinco pilares que sostienen al hombre.

Esa sociedad pensada desde la investigación para conocer los fenómenos sociales; la innovación como medio para cambiar lo que se debe cambiar; la internacionalización por entender que hacemos parte de una aldea global; la sostenibilidad por aquello que se debe trabajar por lo sustentable, por lo que ayude hacia el futuro; y desde la expansión para contribuir al desarrollo y transformación de Colombia.

Esa propuesta de “Forjadores de la Nueva Civilización” que inició en la época de los cincuenta como base de ese humanismo ético, que propendería por el cambio social, acabar con la injusticia, teniendo como base los principios de la familia como sostén de la sociedad, no han servido para nada. Basta ver los hechos históricos desde ese momento hasta ahora y otra vez olvidamos la historia, repetimos los mismos errores, elegimos la misma clase de gobernantes, y no hay esa armonización entre el pensamiento y la misión que transformaría la sociedad, esa por la que todos luchamos y siempre deseamos mejorar, pero solo queda en esfuerzos de sueño.

Hablar de conciencia y dignidad humana se ha convertido en utopía; la persona no importa ante la cantidad de violaciones de derechos humanos y que pagamos los colombianos ante las demandas millonarias, una comunidad que no cree en las instituciones ni en los gobernantes basta mirar los índices de aceptación de las políticas y políticos, una dinámica en donde se investiga no a todos los corruptos, hay que mirar que cada día resultan personas vinculadas desde el congreso, la fiscalía, entes militares y públicos y entonces dónde queda la conciencia y la dignidad. A muchos metros de distancia de una mente integrada al ser humano y a su perfección como individuo.

¿Qué tipo de generaciones están actualmente y que hacen parte del conglomerado colombiano, comprometidas con favorecer el libre desarrollo del hombre y su autodeterminación? Ética y gobierno pareciera ser la solución, pero hasta dónde este se preocupa por aquello. Ejemplos éticos tenemos muchos, uno como el joven Pedro Pascasio Martínez (con doce años y no se dejó sobornar del general Barreiro en la batalla del Pantano de Vargas) incorruptible en su momento, y ello es un saludo a la bandera frente a la ética violada por todos aquellos que ostentan un cargo público, negociadores a todo nivel o intermediarios que olvidan que la conciencia es la garante de los principios sin que se posibilite el trabajar de la mano y asumir los roles que permitan avanzar progresivamente en la solución de los males de la sociedad.

Colombia un país donde la sociedad está permeada desde lo político, lo institucional, lo educativo y otros frentes, y por ello es necesario buscar ese componente humanístico que trascienda, que genere nuevas teorías para erradicar los males nacionales en búsqueda de esa comunicabilidad que nos lleve precisamente al regreso de la conciencia y la dignidad humana.

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