FILOSOFÍA E INVESTIGACIÓN

DEL MIEDO A LA ESPERANZA

Posted by: Diego Mario Zuluaga O. on: marzo 17, 2020

En artículos anteriores hice referencia a la influencia del miedo en la existencia del hombre, al miedo y sus consecuencias, al pensar o al morir, sin embargo, el miedo asecha continuamente al ser humano y nos encontramos en un momento crucial de nuestra existencia, que incluso hoy ha cambiado la forma de ver la vida y el convivir de la misma.

A pesar de ello, el universo nos muestra a diario la crisis que enfrentamos y en especial el caos que genera esa incertidumbre y en efecto, continuamos sobreviviendo a incertidumbres y en especial ahora que enfrentamos una plaga natural o artificial no se sabe y es el coronavirus. Un bicho que ha cambiado cómo vemos la sociedad, el gobierno, las instituciones sociales y hasta la sociedad misma, generando desconfianza, odios y rencores y enfrentamientos entre individuos.

 

Pensamos entonces a partir de la responsabilidad frente a aquellos que no hacen nada para colaborar con la sociedad, los que guardan silencio por miedo a ser señalados o a que sus casas sean apedreadas; criticamos igualmente a las organizaciones porque no aseguran o no aplican las mínimas normas de seguridad o no suministran lo necesario para protección de ese virus que en vez de ser físico se está convirtiendo en mental, a veces con burla frente a la actitud de los demás, nada más ver el caso  del gobierno, de los aeropuertos e incluso de organizaciones estatales prometiendo elementos o algo que no tienen.

 

Estamos sobrellevando un hecho que, a pesar de ser mundial, implica de manera local el manejo de esa experiencia que hace muchos años sucedió pero que no ha servido de ejemplo, ni sus muertos ni la manera como fue atacada, esa fragilidad de esa época la estamos teniendo en este momento, y es esa fragilidad la que nos lleva a buscar formas de enfrentar el miedo, pues como quedó dicho no sabemos cuándo acaba ni cuáles van a ser las consecuencias, seguro si es, que respondemos con los muertos que no se pudieron salvar por la imprudencia, e improvisación de las políticas de resultado; y es que “también hay algo poético en el miedo: nos enseña los límites de la fuerza, el alcance de la audacia, el valor verdadero de nuestros méritos” (William Ospina. El Espectador).

 

Miedo, angustia, amenaza, incertidumbre, crisis y caos, un conjunto de palabras que por sí solas no representan nada, salvo su significado individual pero que en conjunto generan más daño que la explosión de un volcán, exhibiendo fantasmas existenciales que generan insolidaridad, odios y egoísmos, mírese la compra exagerada de productos de primera necesidad, incluyendo el papel higiénico por esa irracional concepción que como no podemos salir por el encierro voluntario o impuesto como medida protectora frente al virus, pues unos podrán comprar y otros no, una desigualdad más en esta sociedad de desiguales.

 

Lo que si es cierto es que enfrentaremos un desastre, no conocemos sus consecuencias, a lo que debemos estar preparados, pero ello se logra única y exclusivamente con principios cooperativos, es decir, la solidaridad, equidad, igualdad, libre albedrío, pero con el único fin de ser partes de la solución como ya se dijo con responsabilidad, con criterio propio y auto-reconocimiento; pero al mismo tiempo reconociendo en estos momentos aciagos que no tenemos el control pero que esa alucinación puede cambiar, requerimos de esa tormenta que nos sacuda como sociedad y como seres humanos para entender que el hombre no está solo, que se debe a los demás y que tenemos que aportarle al universo el granito de arena que a gritos nos está pidiendo.

 

Paciencia y miedo nos está llamando, como única solución a esa incertidumbre pero que el individuo está llamado a superar, a encarar ese caos existencial que vemos en el horizonte, traer a colación los delirios del Quijote como generador de ideas, de soluciones, pero al mismo tiempo entender que el universo y la sociedad requieren de momentos de justicia y a eso nos enfrentamos, que a cada uno nos toque lo que nos corresponde.

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