¿qué ocurre con la democracia cuando el poder político, armado o económico comienza a decidir quién puede vivir dignamente, quién queda excluido y quién puede ser sacrificado en nombre de determinados intereses?
La palabra necropolítica fue acuñada y desarrollada por el filósofo y politólogo camerunés Achille Mbembe en desarrollo de un ensayo del mismo nombre en el año de 2003. En el documento hace alusión al uso del poder social, político y militar para decidir quién puede vivir y quién debe morir, o a qué condiciones de muerte y precariedad se expone a las personas.
Para algunos el término referido es más que el derecho a matar (Foucault) pero también la exposición a otras personas, a esclavizarlas, tomarlas a la fuerza por medio de la violencia política o ese medio común para lograr objetivos políticos bien con el poder Estado o de las fuerzas sociales y políticas. De ahí que esto hace referencia a la destrucción o atentados físicos contra objetos, instituciones o personas.
CUANDO LA NECROPOLITICA ADMINISTRA VIDA
Para otros la necropolítica tiene que ver con la teoría de los muertos vivientes o una de «las formas contemporáneas de subyugación de la vida al poder de la muerte»[1]; para otros el manejo de la política y sus consecuencias como por ejemplo José Manuel Valenzuela (sociólogo Mexicano usó este concepto en una charla denominada “Trazos de sangre y fuego” sobre biopolítica, narcocultura, juvenicidio en donde hizo referencia a la lucha de poderes de los partidos políticos, del enfrentamiento de la sociedad por proteger a unos y otros grupos delincuenciales y del gobierno, pero lo más importante explicó que la desigualdad social se debe a los malos políticos que utilizan cualquier medio para sostenerse en el poder[2]; es decir, no hay nada nuevo, basta mirar lo que ocurre en américa latina, presidentes sostenidos por grupos al margen de la ley, otros utilizando el pensamiento de izquierda para doblegar a quienes están en contra pero lo más preocupante es que todos van tras el dinero público para enriquecerse sin el menor esfuerzo, se concluye que la necropolítica es utilizada para atacar a los débiles, asustar a los poderosos pero también reflejar esa inconciencia social que corrompe al ser humano.
“Es así como el yo del ser humano y su descubrimiento y toma de conciencia, que al final es la búsqueda y construcción de la identidad, ha contribuido de forma capital al desarrollo de la humanidad a través de la creación o invención de artefactos para relacionarse con los demás”[3]; se define la vida entonces como esos factores que resisten la muerte cuando pensamos en otros referentes en donde la relación de vida y muerte tienen otra dimensión que se complementan dependie3ndo de las circunstancias. Es decir, la lógica de la muerte viene incorporada a la política cuando se resignifica la vida cuando esta se encuentra inscrita en términos de la política. Encontramos que no hay fueros ni medidas, mucho menos justicia y sociedad, la necropolítica termina corroyendo esa sociedad que viene trasegando desde la creación de la nación, en este caso desde la colonia en el caso de américa latina.
Hay que hacer una crítica a la genealogía del presente que va articulada con la modernidad (Carlos Núñez), pero al mismo tiempo presenta definiciones unívocas para los sujetos individuales y colectivos. Se determina como consecuencia el cuestionamiento que se hace a los feminicidios, ecocidios, suicidios etc., alimentando la obligación de la supervivencia y de la muerte como cultura, apoyando el uso de las armas como poder del Estado por un lado y el particular por el otro.
COLOMBIA: LA VIDA ENTRE EL ESTADO Y LOS PODERES ARMADOS
Lo más indignante es que el concepto de necropolítica viene siendo utilizado para el manejo de las clases sociales en especial las menos favorecidas, para el cambio de conciencia social en lo que tiene que ver con las ideas políticas, como el enfrentamiento entre izquierda y derecha y el apoyo a cada una de las corrientes, ejemplos hay muchos como el caso de Gustavo Petro en Colombia fiel representante del título de este escrito lo usó en uno de sus discursos[4]; pero también Donald Trump en Estados Unidos qué traicionó a sus electores e hispanos y las políticas migratorias y qué decir de Putin en Rusia, sosteniendo un régimen que fue derrocado hace más de veinte años como el socialismo, la guerra con Ucrania y el apoderarse del golfo de Crimea; se instrumentaliza la destrucción humana tanto en la política doméstica como en la agresión internacional y el manejo económico; se gestiona la disidencia al apoyar a quienes apoyan el Estado en contra de los detractores, se justifican los asesinatos selectivos en especiales de trabajadores sociales siendo esta su pilar de estabilidad estatal, preocupa además que en estos regímenes la guerra sea usada como estadística pero también como reducción de los insumos prescindibles y sus daños colaterales; se produce al final de cuentas un miedo generalizado, una represión sistemática que paraliza la sociedad civil subordinando la existencia ciudadana a los designios ideológicos y militaristas al apoyarse en grupos terroristas, guerrilla o delincuencia común como también en las fuerza estatales y sus operaciones constantes. Se presenta una la relación entre poder, vida, muerte, dignidad y democracia sin una solución a corto plazo y a lo largo, un cambio total que llama a la reconstrucción de la vida política de los países.
Para terminar la gran consecuencia de la necropolítica es el gran deterioro del orden público por aquello de la violencia sistémica, el fortalecimiento de grupos criminales, incremento en los delitos contra la vida y la propiedad y las constantes omisiones al control constitucional y la vulneración de los derechos fundamentales. A pesar de todo la inseguridad política hace que la necropolítica se constituya en el arma eficaz para construir un país en reemplazo del otro, de la crítica a la gestión de los gobiernos entrantes y a la oposición al entrante. Pero queda en el tintero de cómo defender las acciones como un ejercicio legítimo de la autoridad del Estado para recuperar el territorio, proteger a la población y combatir frontalmente a las estructuras criminales y disidencias o continuar alimentando las ideas políticas sostenidas en sistemas de gobierno mandados a recoger y que nada nuevo han dejado a través de la historia.
¿Puede hablarse de democracia plena cuando amplios sectores de la población viven bajo amenazas, confinamiento, desplazamiento o control armado e incertidumbre política frente a un nuevo gobierno?
[1]. Mbembe A. (2003) Ensayo Necropolítica. Cultura pública.
[2]. Valenzuela. Las crisis aluden a cambios que impactan el sentido de las cosas y tienen implicaciones profundas en el orden social y en los proyectos de vida de la población, principalmente entre los pobres y subalternos.
[3]. Winston Manrique. La revolución del lenguaje y la cultura en la era digital. www.wmagazin,com
[4]. El informe de la ONU ofrece un dato particularmente significativo para su argumento: en Catatumbo, durante 2025, se registraron 89.013 personas desplazadas, 166 homicidios selectivos y al menos ocho masacres, además de casos de privación de libertad, violencia sexual, trata y reclutamiento de menores.