VIVIENDO EN EL COSMOS Y UN MUNDO EN CAOS

   La rutina, las ambiciones, las rivalidades y otros factores negativos pueden distraer, con el tiempo, atención y energía, dejándonos enjutos y débiles, irascibles y tristes. Hace falta que volvamos al corazón. – (León XIV)

Entre la función, la forma y la existencia

Mucho se ha hablado acerca del origen del cosmos al igual que del caos, han existido grandes maestros que han dedicado su vida a pensar y escribir al respecto, entre estos son conocidos: Jorge Luis Borges, Franz Kafka, Fernando Pessoa y James Joyce entre otros; de estos se ha aprendido fuera de sus reflexiones su avance literario y lo mejor de la libertad y del sentirse excluido. Lo central de la discusión es dónde empieza la reflexión y cuándo el capital político es más importante ante la contingencia para defender los conceptos.

Los esfuerzos se han centrado en la función y en la forma. De hecho, alrededor de esa dicotomía ha habido encendidos debates durante décadas (Andrés García Barrios); pero también se han centrado las discusiones acerca de si es mejor vivir que estudiar o estudiar que vivir. Para unos nos alejamos de los principios de la realidad, de los conceptos divinos para otros, solamente habitamos sin asumir la posibilidad de entender el cosmos y menos tener que decir o decidir frente al caos reinante.

 Volver al corazón en medio del ruido social

Cuáles son las posibilidades para no encerrarse o no entender pues ninguno enseñará, estudiará, investigará solo para sí mismo, sino con los demás, para los demás y, sobre todo, para comprender a los demás; y es que “la rutina, las ambiciones, las rivalidades y otros factores negativos pueden distraer, con el tiempo, atención y energía, dejándonos enjutos y débiles, irascibles y tristes. Hace falta que volvamos al corazón”. (León XIV), pero entonces donde encontrar al cosmos dentro de toda esta parafernalia democrática y política, y con esa financiación espiritual en la que el caos reina sin solución, basta ver los resultados de las experiencias sociales a nivel mundial, todas ellas fallidas por que al ser humano no se le entiende.

En palabras de San Pablo “la inteligencia debe hacer memoria”, y en consecuencia realizar un ejercicio y este es, observar con mucha atención la manera en que habitamos el mundo. Si lo hacemos con la suficiente profundidad veremos que la relación que se establece entre ellos es tan importante como los objetos, productos y los espacios, es la magia que se vislumbra, que produce brillo en la psique del individuo. Cuál es el tablero que cuelgan a sus cuellos aquellos que ven un genio que lo expone al mundo o de los que ven una especie de seres míticos situados a lo lejos del centro del blanco agudo de las flechas de los problemas sociales.

La farsa, el silencio y la paradoja humana

Hemos creado un silencio en el que se oye el vuelo de los ángeles, esto es, pasan y pasan y siguen pasando sin dejar muestra de su propósito y otros siguen guardando esa ilusión de acabar ese viaje que iniciaron, de esa inmortalidad que nos aleja uno del otro. Cómo conspirar frente al cosmos concebido como un caos cuando el anclaje que nos sostiene se vislumbra a lo lejos, esa vida simple se anhela en donde “Envidio a todos no ser yo” decía Pessoa, pero sin ahondar en los pecados y sacrificios citados por Borges, despreciando a los benefactores en palabras de Rilke, sin entender la finalidad del Minotauro como figura mítica.

Descifrar la dramaturgia humana es el sentir del ser humano para convertirnos en seres de una sola pieza, sin misterios, sin secretos, sin rasgos míticos y sin ese sentir indescifrable aludido por Pirandello en su escenario italiano; el desafío es la pretensión de esa evidencia de la farsa del individuo; descifrar ese sentido único del así es la vida; el dilema es la relatividad del descubrimiento del plantear si podemos estar en dos lugares al mismo tiempo.

Arrojados a la existencia

La paradoja existencial es si anhelamos la unidad o la diversidad, si identificamos nuestra libertad o habitamos solo el tiempo y el espacio. Si entendemos el cosmos y el caos. Razón tenía Jean Paul Sartre en El Ser y la Nada que estamos “arrojados a la vida”, sin permiso para existir y carecer de respuestas ante lo que produce un orden de mora, sin tejido social, sin tramas huyendo de la inocencia y como si fuera poco lanzando arengas contra un pueblo para defender la libertad “¡Porque no queremos ser unos borregos, ¿verdad?! —exclama— ¡¿Verdad que ninguno de ustedes quiere ser un borregooooo?!” como en la película de la Vida de Brian y de esta manera se va urdiendo en este nuevo patrón mundial.

El mundo no es un lugar de producción de sentido ni de pensamiento, pero sí ese lugar donde habitamos nuestras propias paradojas, develando lo invisible, pero al mismo tiempo descubriendo las transparencias de lo que nos da vergüenza, pero nos ayuda a reconocerla y confesarla.

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