Cuando los algoritmos deciden por nosotros, ¿quién asume la responsabilidad de ser libre?
Sartre lo dijo con una claridad que todavía incomoda: estamos condenados a ser libres. No como privilegio, sino como peso existencial. Nadie puede elegir por nosotros sin que nosotros lo permitamos. Esta idea, radical en el siglo XX, se vuelve explosiva en el siglo XXI, cuando las plataformas digitales, los algoritmos de recomendación y los sistemas de vigilancia parecen estar haciendo exactamente eso: eligiendo por nosotros, diseñando nuestros deseos, administrando nuestra atención. La pregunta ya no es si somos libres. La pregunta es si hemos renunciado a serlo.
