Hablar hoy de la posibilidad del conocimiento implica reconocer que ya no vivimos en un escenario de escasez de información, sino de sobreabundancia, hiperconectividad y circulación acelerada de datos, discursos e imágenes. Esta nueva condición histórica transforma las preguntas clásicas de la epistemología: ya no se trata solo de cómo conocemos, sino de cómo filtramos, validamos, integramos y utilizamos lo que conocemos en contextos atravesados por tecnologías digitales y redes globales.
Complejidad
CONDENADOS A ELEGIR: ÉTICA, CONTROL Y COMUNIDAD EN EL MUNDO DIGITAL
Cuando los algoritmos deciden por nosotros, ¿quién asume la responsabilidad de ser libre?
Sartre lo dijo con una claridad que todavía incomoda: estamos condenados a ser libres. No como privilegio, sino como peso existencial. Nadie puede elegir por nosotros sin que nosotros lo permitamos. Esta idea, radical en el siglo XX, se vuelve explosiva en el siglo XXI, cuando las plataformas digitales, los algoritmos de recomendación y los sistemas de vigilancia parecen estar haciendo exactamente eso: eligiendo por nosotros, diseñando nuestros deseos, administrando nuestra atención. La pregunta ya no es si somos libres. La pregunta es si hemos renunciado a serlo.
