LA COSMOVISIÓN DEL HOMBRE A TRAVÉS DE LA HOLOSOFÍA Y LA FILOSOFÍA: HACIA UN NUEVO ESTADO DE CONCIENCIA

  Resumen:

El presente artículo examina la cosmovisión del ser humano a partir de dos marcos complementarios: la holosofía, entendida como un enfoque integrador entre ciencia y espiritualidad, y la filosofía clásica, en su indagación sobre el cuerpo, la mente y el espíritu. Se sostiene como tesis central que la formación de un nuevo estado de conciencia requiere articular tres planos —el biográfico, el corporal-espiritual y el social— dentro de un marco teórico común, en contraste con la fragmentación característica de la condición posmoderna.

1. Introducción: la cosmovisión como sentido biográfico

La cosmovisión del ser humano puede abordarse desde el sentido biográfico de su existencia, es decir, desde la manera en que cada persona narra, interpreta y da forma a su propia historia vital. Esta perspectiva propone entender la vida personal no como una sucesión de hechos aislados, sino como el terreno en el que se despliega la multidimensionalidad del individuo —biológica, psicológica, social y espiritual— y en el que dicho individuo se integra, de manera compleja pero necesaria, con su condición de ser social.

Tesis 1. La vida cotidiana no constituye un escenario secundario de la existencia, sino el terreno concreto en el que se forma y se pone a prueba la conciencia.

Es precisamente en lo cotidiano donde se manifiesta lo que la tradición espiritual denomina karma[1]: la ley de causa y efecto según la cual toda acción incide en el destino y en las consecuencias futuras de la persona. Su comprensión exige un enfoque transpersonal[2], que combina la psique individual con la integración de cuerpo y alma. Lo humanista, en este sentido, no puede desligarse del individuo concreto, en la medida en que este depende de un conjunto articulado por su libertad, su imaginación y su capacidad de innovación, propio de un sistema homeostático que busca de manera constante su propio equilibrio. Existen, además, núcleos de experiencia —vivencias contrastadas e incluso validadas clínicamente— que permiten a cada sujeto reconocer aquello que ya ha sido puesto a prueba en su propia trayectoria vital.

2. La holosofía como marco integrador entre ciencia y espiritualidad

Tesis 2. Potenciar al sujeto contemporáneo exige un marco epistemológico que integre, en lugar de enfrentar, la ciencia y la espiritualidad.

Cabe entonces preguntarse cómo potenciar al sujeto para que se proyecte a través de la holosofía[3]: un enfoque integral que busca conjugar ciencia y espiritualidad con el propósito de propiciar el crecimiento humano a partir de la unión entre cuerpo, mente y espíritu, unión ya aludida por los filósofos clásicos en su indagación sobre la naturaleza del alma. Se trata de comprender la denominada ciencia del alma y su incidencia en el momento presente de la existencia, así como el modo en que se desarrolla el autoconocimiento como motor de un crecimiento más profundo.

Algunos autores han denominado a este momento la “cuarta generación” de la transformación humana, en la que confluyen el ámbito académico y la experiencia organizacional, dimensionando tanto lo racional como lo emocional e integrando lo relacional con lo simbólico. Bajo esta lectura, el sujeto de la acción social requiere de nuevos paradigmas existenciales, lo que habilita a su vez un análisis más estructural del comportamiento humano y de los arquetipos[4] que configuran la conciencia y sus distintas perspectivas.

3. Posmodernidad, fragmentación y el papel de la conciencia

Tesis 3. Frente a la fragmentación propia de la condición posmoderna, la respuesta no es la evasión ni la creencia acrítica, sino la comprensión estructurada de la experiencia.

Mucho se ha escrito acerca del mundo contemporáneo y de su condición posmoderna[5], pero lo cierto es que la sociedad actual se enfrenta a un fenómeno de fragmentación y sobreinformación que ha impedido que la conciencia se erija en eje estratégico de la formación, tanto del individuo como del profesional llamado a comprender en profundidad la experiencia humana. No se propone, en consecuencia, la evasión, sino la estructura; no se propone la creencia, sino la comprensión; y, en última instancia, no se propone la superficialidad, sino la integración.

En esta línea argumentativa resulta pertinente recordar que, en palabras atribuidas al Dalai Lama[6], resulta “esencial que cada individuo se atenga a las prácticas y creencias espirituales más adecuadas a sus necesidades concretas”. Esta afirmación cobra particular relevancia si se considera que la mente humana suele estar fuertemente sesgada, lo que conduce a adoptar una actitud distante frente a las personas y frente a los eventos o fenómenos que, precisamente, desdibujan el modo en que el ser humano habita el mundo.

4. El vínculo entre lo eterno y lo temporal

Tesis 4. El sujeto no es un receptor pasivo de la realidad, sino su constructor o deconstructor activo, situado siempre en la tensión entre lo intemporal y lo temporal.

Surge entonces una pregunta de fondo: ¿cuál es exactamente el vínculo, y cuáles los mecanismos, que explican la relación entre ese absoluto que no tiene tiempo y aquello que sí lo tiene? Es en este punto donde cobra fuerza el planteamiento central del presente trabajo: existe un enfoque espiritual del ser humano, pero también un enfoque filosófico, ambos necesarios para comprender la homeostasis en la que se desenvuelve la persona y para dilucidar tanto la existencia real de la verdad como la verdad misma que emerge de la experiencia.

Cabe advertir cómo esa omnipresencia del sujeto —en tanto constructor o deconstructor de su propia realidad— hace que la figura histórica del ser humano trascienda lo meramente natural, siendo precisamente esa figura la que determina el modo en que lo emergente se va develando a través de los distintos estadios de la vida, con independencia de lo que ocurra en esta existencia o en cualquier otra.

5. Conclusión

Tesis final. Un nuevo estado de conciencia solo resulta posible cuando la biografía personal, el cuerpo, el espíritu y la dimensión social dejan de pensarse como compartimentos separados y se integran bajo un horizonte común de comprensión: el que propone la holosofía en diálogo con la filosofía.

En síntesis, el presente artículo ha planteado que la cosmovisión del ser humano solo puede comprenderse cabalmente desde una perspectiva integradora, que reconozca simultáneamente el sentido biográfico de la existencia, la dimensión transpersonal del sujeto y la necesidad de superar la fragmentación posmoderna mediante marcos de comprensión estructurados. Queda abierta, para futuros desarrollos, la tarea de precisar empíricamente los mecanismos concretos mediante los cuales dicha integración puede evaluarse y aplicarse en contextos clínicos, educativos y organizacionales.

Referencias

Dalai Lama. (2004). El corazón bondadoso: una visión budista de las enseñanzas de Jesús (D. González Raga, trad.). Kairós. (Obra original publicada en 1996).

Jung, C. G. (1970). Arquetipos e inconsciente colectivo. Paidós.

Lyotard, J.-F. (1979). La condición posmoderna: informe sobre el saber. Minuit.

Maslow, A. H. (1971). The Farther Reaches of Human Nature. Viking Press.

Grof, S. (1985). Beyond the Brain: Birth, Death, and Transcendence in Psychotherapy. State University of New York Press.

[1]En las tradiciones hinduista y budista, el karma designa la ley de causalidad ética según la cual toda acción intencional genera consecuencias que afectan al agente en el presente o en existencias futuras.

[2]La psicología transpersonal surge como corriente diferenciada a finales de la década de 1960, con figuras fundacionales como Abraham Maslow y Stanislav Grof.

[3]El término “holoso­fía” no corresponde a una escuela filosófica codificada en la tradición académica clásica, sino a un neologismo empleado en la literatura contemporánea de desarrollo integral y espiritualidad aplicada para designar la convergencia entre el método científico y la indagación espiritual..

[4]El concepto de arquetipo, central en la psicología analítica de Carl Gustav Jung, remite a patrones universales y recurrentes del inconsciente colectivo que estructuran la experiencia simbólica de la humanidad.

[5]La caracterización de la posmodernidad como una condición marcada por la fragmentación de los grandes relatos legitimadores es un planteamiento clásico de Jean-François Lyotard.

[6]Dalai Lama, El corazón bondadoso: una visión budista de las enseñanzas de Jesús, Barcelona, Kairós, 2004

Deja un comentario

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.