"FILOSOFÍA, PEDAGOGIA E INVESTIGACIÓN" Diego M. Zuluaga o. Lic. Filosofía y Letras USTA

«LA REPUTACIÓN YA NO SE HEREDA, SE GOBIERNA»

Posted by: Diego Mario Zuluaga O. on: 22 de agosto de 2026

  • La reputación no se “arregla” con mensajes ni con discursos desprovistos de contexto. Se construye o se erosiona mediante decisiones, comportamientos y relaciones sociales. Por eso exige estrategia antes que artificio –

UNA HERENCIA QUE NO BASTA

Vivimos una época en la que casi todo puede ser observado, registrado, difundido y juzgado. Los teléfonos móviles, las plataformas digitales y la circulación permanente de información han transformado la relación entre lo público y lo privado. La intimidad no ha desaparecido, pero sus fronteras se han vuelto más frágiles y, con ellas, también se ha modificado la manera en que construimos la confianza. Read the rest of this entry »

CUANDO LA TIERRA TIEMBLA, TAMBIÉN TIEMBLA LA MENTE

Posted by: Diego Mario Zuluaga O. on: 21 de agosto de 2026

LA CONFIANZA, TERREMOTO Y MENTE

El mundo que tenemos no es definitivo y eso nos recuerda una y otra vez que la condición humana consiste en interpretarse a sí mismo y, por esa vía, inventarse. (C. Peña)

Lo ocurrido en Colombia el pasado 10 de agosto de 2026, particularmente en los departamentos del Valle del Cauca, Chocó, Quindío, Caldas y Risaralda, y de manera especial en Pereira, mi ciudad, nos recuerda una verdad difícil de aceptar: existen momentos en los cuales el ser humano no puede luchar contra la naturaleza ni controlar sus consecuencias. Read the rest of this entry »

HACIA UNA RESURRECCIÓN SOCIAL II

Posted by: Diego Mario Zuluaga O. on: 18 de agosto de 2026

 Entre la muerte de las ideas y la posibilidad de reconstruir nuestra forma de vida

«Entre el silencio, la apatía, la indignación y la frustración, la muerte de las ideas requiere un milagro llamado resurrección» (J. C. Henríquez)

Una sociedad que empieza a morir en silencio

Hablar de resurrección social puede sonar, a primera vista, como una expresión religiosa trasladada a la vida pública. Pero la palabra admite otra lectura, ética, política y antropológica: la posibilidad de que una sociedad, después de atravesar profundas crisis, vuelva a preguntarse quién es, qué valores la sostienen y qué clase de ser humano quiere formar. Read the rest of this entry »

LA CULTURA DE LA GUERRA II: MEMORIA, PODER Y RECONSTRUCCIÓN SOCIAL EN COLOMBIA

Posted by: Diego Mario Zuluaga O. on: 18 de agosto de 2026

La población civil ha jugado un papel decisivo en el desarrollo del conflicto armado que azota nuestro país.”

Introducción

En Colombia, la guerra no ha sido únicamente un enfrentamiento entre ejércitos. Ha sido también una forma de organizar el poder, de controlar los territorios, de imponer silencios y de transformar la vida cotidiana de millones de personas. La población civil, aunque con frecuencia aparece presentada como víctima pasiva, ha ocupado un lugar decisivo en el desarrollo, la prolongación y la transformación del conflicto armado. Read the rest of this entry »

FENÓMENO POLÍTICO COLOMBIANO II, DOMINACIÓN SIMBÓLICA Y CRISIS DE LA DEMOCRACIA

Posted by: Diego Mario Zuluaga O. on: 14 de agosto de 2026

    Introducción

La primera versión de este documento fue escrita en 2002, en el contexto de la formación universitaria del autor en la licenciatura en Filosofía y Letras de la Universidad Santo Tomás, VUAD, en Colombia. En aquel momento, el análisis del fenómeno político colombiano y latinoamericano surgía como una lectura inicial, aún abierta, sobre la dominación, la dependencia y la insuficiencia de la democracia como experiencia histórica. Con el paso del tiempo, esa intuición se ha transformado en una comprensión más elaborada de la gobernanza y de las tensiones que atraviesan la vida política contemporánea. Lo que entonces aparecía como crítica incipiente hoy puede formularse con mayor precisión teórica y mayor ajuste a la dinámica social actual.

Colombia ha vivido una tensión persistente entre la promesa democrática y la realidad de la dominación. Esa tensión no se explica solo por la historia colonial, sino también por la forma en que el poder ha sido reelaborado en la modernidad mediante instituciones, discursos y prácticas que naturalizan la desigualdad. En ese marco, la democracia muchas veces se vuelve una idea idealizada, proyectada como horizonte civilizatorio, pero no siempre encarnada como experiencia política efectiva (Bourdieu, 1997/2000; De Sousa Santos, 2010).

Pierre Bourdieu permite comprender este fenómeno cuando muestra que el Estado y las élites poseen una capacidad decisiva para producir categorías de percepción y de legitimidad que organizan lo social. En otras palabras, no solo se domina mediante la fuerza, sino también mediante una visión del mundo que hace aparecer el orden existente como normal, deseable o inevitable (Bourdieu, 2012). De ese modo, la idealización de los gobiernos puede convertirse en un efecto de la sociedad misma, cuando la sociedad incorpora como legítimas imágenes políticas que ocultan sus desigualdades profundas.

Dominación y legitimidad

La dominación política no opera únicamente desde afuera; se reproduce también en el interior de la vida social, cultural e institucional. En este punto, Bourdieu resulta decisivo: el poder simbólico es la capacidad de hacer ver y hacer creer, de imponer una representación del mundo que obtiene obediencia precisamente porque se reconoce como legítima (Bourdieu, 1997/2000, 2012). Por eso, un gobierno puede presentarse como reformador, democrático o popular, mientras conserva estructuras de exclusión que siguen organizando la desigualdad real.

Esa observación permite releer el problema colombiano desde el siglo XXI. La sociedad contemporánea ya no depende solo de antiguas formas coloniales; depende también de nuevas dependencias económicas, mediáticas y geopolíticas. Bajo esas condiciones, la democracia puede ser invocada como lenguaje de legitimación, pero no necesariamente como práctica de transformación (De Sousa Santos, 2010). Allí radica la importancia de examinar con cuidado los modos en que la sociedad idealiza a sus gobiernos, proyecta esperanzas desmedidas y luego reproduce su frustración histórica.

Conciencia y Estado

La frase de Walter Montenegro (2006) “El hombre se debe a su conciencia y no al Estado, ni a ningún otro poder terreno” introduce una exigencia ética fundamental. Más allá de la autoridad institucional, el sujeto político conserva una responsabilidad moral que no puede ser absorbida por ninguna forma de poder. Esta idea es especialmente valiosa en contextos donde el Estado pretende presentarse como único mediador de la verdad pública o como árbitro absoluto de la vida colectiva.

En un sentido filosófico, Montenegro recuerda que la obediencia no puede reemplazar la conciencia. Si la democracia quiere ser algo más que un procedimiento, debe apoyarse en sujetos capaces de juzgar críticamente al poder, no solo de seguirlo. Esa conciencia, sin embargo, no es puramente individualista; se forma en relación con la educación, la deliberación y la vida común. Por eso, la libertad política requiere ciudadanos que piensen por sí mismos y, al mismo tiempo, se reconozcan como responsables de la comunidad.

Dialéctica democrática

La obra de Henry P. Reeder, Argumentando con cuidado: dialéctica para una sociedad democrática (2007), resulta útil para subrayar que una sociedad democrática necesita argumentación responsable, no mera confrontación verbal. Entendida con prudencia, esa noción sugiere que la democracia no puede reducirse a unanimidad ni a antagonismo destructivo, sino que necesita un intercambio crítico de razones, tensiones y correcciones recíprocas.

Esta dimensión es crucial para el siglo XXI, porque la polarización política suele convertir la diferencia en enemistad y la discusión en descalificación. Una democracia madura no teme el disenso; lo disciplina mediante reglas de reconocimiento mutuo. En ese sentido, la dialéctica bien entendida permite que la sociedad no se encierre en la idealización de gobiernos, sino que confronte sus límites, exija rendición de cuentas y mantenga abierta la posibilidad de reforma (Reeder, 2007).

Rousseau y la voluntad general

Rousseau ofrece el fundamento clásico de esta exigencia. Su teoría sostiene que la soberanía reside en el pueblo y que la ley solo es legítima cuando expresa la voluntad general, no los intereses particulares (Rousseau, 1762/2012). Por tanto, una sociedad democrática no puede conformarse con delegar indefinidamente su destino en representantes desvinculados de la vida común.

En el caso colombiano, esta enseñanza sigue siendo actual. Cuando el acceso al poder se convierte en disputa de facciones, y cuando la ciudadanía queda reducida a ratificar periódicamente decisiones ya tomadas, la democracia se vacía de contenido. Rousseau ayuda a recordar que gobernar no es simplemente administrar intereses; es construir un orden común orientado por la libertad y la igualdad políticas (Rousseau, 1762/2012).

Emancipación social

Boaventura de Sousa Santos amplía este diagnóstico al mostrar que la democracia liberal suele funcionar como democracia de baja intensidad, es decir, como un sistema formal que no logra traducirse en transformación social efectiva (De Sousa Santos, 2010). Su aporte resulta especialmente útil para pensar América Latina, donde la modernización institucional no siempre ha significado inclusión real ni redistribución del poder.

Desde esta perspectiva, la democracia del siglo XXI debe ser reinventada como proyecto emancipador. No basta con alternar gobiernos ni con renovar discursos; se requiere producir nuevas formas de participación, de justicia social y de reconocimiento. La tarea no es cosmética, sino estructural: ampliar la ciudadanía efectiva, fortalecer la deliberación pública y desactivar las formas simbólicas de dominación que siguen organizando la vida colectiva (De Sousa Santos, 2010).

Conclusión

El fenómeno político colombiano revela que la democracia no puede entenderse solo como un mecanismo institucional. También es una lucha por el sentido, por la representación y por la capacidad de una sociedad de juzgar críticamente a sus gobiernos. Bourdieu ayuda a ver cómo la idealización política puede convertirse en un efecto simbólico de dominación; Rousseau recuerda que la soberanía no debe separarse de la voluntad general; De Sousa Santos insiste en que la democracia debe ser emancipadora; Montenegro subraya que la conciencia no puede subordinarse a ningún poder terreno; y Reeder enfatiza la necesidad de una dialéctica cuidadosa para sostener una sociedad democrática (Bourdieu, 1997/2000; De Sousa Santos, 2010; Reeder, 2007; Rousseau, 1762/2012).

En consecuencia, la maduración de esta reflexión desde 2002 hasta hoy muestra que la democracia colombiana y latinoamericana requiere más que alternancia de gobiernos: necesita una ciudadanía crítica, una institucionalidad más transparente y una cultura política más dialógica. Solo así podrá superarse la distancia entre la democracia proclamada y la democracia vivida.

Referencias

Bourdieu, P. (2000). Sobre el Estado: Cursos en el Collège de France (1989-1992). Anagrama.

De Sousa Santos, B. (2010). Refundación del Estado en América Latina: Perspectivas desde una epistemología del Sur. Siglo XXI Editores.

Walter M. (2006) Introducción a las doctrinas político-económicas. Fondo de Cultura Económica. México.

Reeder, H. P. (2007). Argumentando con cuidado: dialéctica para una sociedad democrática. Editorial San Pablo.

Rousseau, J.-J. (2012). El contrato social. Alianza Editorial.

UNA SOCIEDAD DE ZOMBIS II – LA METÁFORA QUE NOS HABITA

Posted by: Diego Mario Zuluaga O. on: 9 de agosto de 2026

 Ensayo filosófico-humanista sobre la despersonalización contemporánea

Hace unos días jugaba al ajedrez con un amigo. El ajedrez es un juego que obliga a pensar no solo qué pieza mover para ganar, sino algo más incómodo: qué queda de nosotros «cuando los jugadores se hayan ido, cuando el tiempo los haya consumido». Esa frase, tarareada casi sin querer, se me quedó pegada como una pregunta filosófica disfrazada de melodía: ¿qué somos cuando el reloj termina la partida? La respuesta, sospecho, tiene mucho que ver con una figura que hoy puebla nuestras calles, nuestras pantallas y nuestro imaginario colectivo: el zombi. Read the rest of this entry »

  Una reflexión humanista sobre la crisis y el porvenir de la universidad

“Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad.” (Nuccio Ordine)

  1. EL DIAGNÓSTICO DE UNA CRISIS ANUNCIADA

Es un hecho cierto, casi una evidencia que no admite discusión, que la universidad requiere hoy una renovación profunda: desde lo institucional hasta lo pedagógico, desde el profesorado hasta el alumnado, desde lo administrativo hasta la política educativa pública. Colombia, en particular, necesita ese viraje con urgencia. Aunque la educación ha dejado de ser bancaria en algunos espacios —aquella que Freire[1] describió como el simple depósito de contenidos en mentes pasivas—, en muchas otras aulas sigue afectando de manera silenciosa la alfabetización real y la formación profesional. Se gradúan estudiantes con vacíos ortográficos y gramaticales que la corrección automática del computador disimula, pero no resuelve; se entregan títulos sin que, muchas veces, se haya entregado también la capacidad de pensar por cuenta propia. Read the rest of this entry »

TRES MIL AÑOS DESPUÉS: LA VIGENCIA DE LA ODISEA

Posted by: Diego Mario Zuluaga O. on: 4 de agosto de 2026

    La Odisea sigue vigente porque convierte el regreso en una pregunta sobre la identidad, la memoria y la condición humana. A propósito del estreno de la adaptación de Christopher Nolan, este artículo revisa por qué el poema de Homero continúa dialogando con el presente. Odiseo no es solo el héroe que vuelve a Ítaca, sino la figura de un sujeto que aprende, sufre, calcula y resiste. Su viaje muestra que la inteligencia no garantiza una salida fácil, pero sí una forma de sobrevivir al caos, la guerra y la pérdida. Desde esa lectura, el poema deja de ser una reliquia clásica y se vuelve una obra profundamente actual: habla del hogar, del tiempo, de la fidelidad y del costo de las decisiones humanas. Entre la épica y la reflexión, La Odisea confirma que los clásicos perduran porque siguen interrogando quiénes somos y qué significa volver. Read the rest of this entry »

ELOGIO A LA DIFICULTAD III – MIENTRAS EL MUNDO DUERME EL HOMBRE DESPIERTA

Posted by: Diego Mario Zuluaga O. on: 3 de agosto de 2026

Toda filosofía que merezca ese nombre es, en el fondo, una meditación sobre la dificultad. Cuando Estanislao Zuleta afirmó, en su célebre lección de 1980, que nuestro problema no radica tanto en no alcanzar lo que nos proponemos, cuanto en la forma misma en que llegamos a desearlo, [1] formuló una tesis que trasciende la anécdota biográfica para instalarse en la tradición del pensamiento crítico latinoamericano: la de que el sujeto no se define por lo que evita, sino por el modo en que asume aquello que se le resiste. Retomar por tercera vez este título no responde, entonces, a la simple reiteración de un lema, sino a la necesidad de profundizar filosóficamente en una intuición que sigue siendo, hoy, insuficientemente pensada. Read the rest of this entry »

LA ÉTICA Y LA JUSTICIA II: FUNDAMENTO MORAL Y CRISIS DE LA VIDA PÚBLICA

Posted by: Diego Mario Zuluaga O. on: 31 de julio de 2026

INTRODUCCIÓN

La relación entre ética y justicia constituye uno de los problemas más persistentes de la filosofía práctica, no solo por su densidad conceptual, sino porque en ella se juega la posibilidad misma de una vida común legítima. Desde la tradición clásica, la justicia no ha sido entendida como un mero dispositivo de control social, sino como una virtud ordenadora de la convivencia y, al mismo tiempo, como una expresión pública de la rectitud moral.[1] En consecuencia, separar ética y justicia equivale a debilitar la médula moral de la sociedad. Read the rest of this entry »