- La reputación no se “arregla” con mensajes ni con discursos desprovistos de contexto. Se construye o se erosiona mediante decisiones, comportamientos y relaciones sociales. Por eso exige estrategia antes que artificio –
UNA HERENCIA QUE NO BASTA
Vivimos una época en la que casi todo puede ser observado, registrado, difundido y juzgado. Los teléfonos móviles, las plataformas digitales y la circulación permanente de información han transformado la relación entre lo público y lo privado. La intimidad no ha desaparecido, pero sus fronteras se han vuelto más frágiles y, con ellas, también se ha modificado la manera en que construimos la confianza.






