“Somos lectores porque somos humanos. Pero, sobre todo, somos humanos porque somos lectores” (N. Castellanos).
Se ha deshumanizado tanto la sociedad que se han perdido y olvidado las manos, ese regalo de los dioses, obsequio fascinante para mover los hilos indispensables que conectan al ser humano con su cotidianidad y con aquello que afina la lectura de la vida, tanto en lo racional como en lo emocional, cuando se busca la evolución en la transición de lo social a lo digital, de la tecnología y su inteligencia artificial, como nuevas formas de leer la dinámica de cómo se lee, se escribe y se produce lenguaje. Una sociedad desarraigada es, precisamente, aquella que ha perdido ese anclaje en el cuerpo; de ahí que este texto sostenga que el poder de las manos consiste en devolvernos raíces: tocar, escribir y leer con ellas es volver a habitar el mundo.