Hablar hoy de la posibilidad del conocimiento implica reconocer que ya no vivimos en un escenario de escasez de información, sino de sobreabundancia, hiperconectividad y circulación acelerada de datos, discursos e imágenes. Esta nueva condición histórica transforma las preguntas clásicas de la epistemología: ya no se trata solo de cómo conocemos, sino de cómo filtramos, validamos, integramos y utilizamos lo que conocemos en contextos atravesados por tecnologías digitales y redes globales.
