¿Está formando la universidad ciudadanos para la vida o simplemente trabajadores para el mercado? Entre la empleabilidad y la formación integral surge un debate inaplazable sobre el papel de la educación en la construcción de sociedades más humanas, críticas y capaces de afrontar los desafíos del futuro.
Una de las grandes herencias que dejó el papa Francisco fue su permanente defensa de la dignidad humana, especialmente de los más vulnerables, así como su compromiso con la educación y la cultura. Desde una profunda visión humanista, comprendió que la formación universitaria no puede limitarse a la simple transmisión de conocimientos. Por ello afirmó: “La misión de la universidad no es solamente aprender cosas. Ustedes tienen que formar a los chicos y a las chicas en los tres lenguajes humanos: el de la cabeza, el del corazón y el de las manos; de tal manera que aprendan a pensar lo que sienten y lo que hacen, a sentir lo que hacen y lo que piensan y a hacer lo que sienten y lo que piensan”. Esta reflexión cobra especial relevancia en un país que necesita transformaciones profundas y que no puede permitirse retroceder frente a los desafíos del presente.
