LA VERDAD SE BUSCA EN LA UNIVERSIDAD O SINO PARA QUÉ SIRVE LA EDUCACION

    Decía Joseph Ratzinger que: “la universidad solo se comprende desde el deseo humano de saber”, y es a partir de allí en  donde el individuo entra en ese modo de laboratorio de innovación técnica o profesional, pues su fin es que esa transferencia desde lo institucional se convierta en una transferencia social; conservando esas funciones de la finalidad de la educación por un lado preparar para la vida pero al mismo tiempo prepararlo para encontrar aquello que se le ha extraviado y en muchos casos es el acercamiento a la verdad.

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UNA REFLEXIÓN: ¿ESTAMOS PREPARANDO A LOS ESTUDIANTES PARA EL MERCADO LABORAL?

¿Está formando la universidad ciudadanos para la vida o simplemente trabajadores para el mercado? Entre la empleabilidad y la formación integral surge un debate inaplazable sobre el papel de la educación en la construcción de sociedades más humanas, críticas y capaces de afrontar los desafíos del futuro.

Una de las grandes herencias que dejó el papa Francisco fue su permanente defensa de la dignidad humana, especialmente de los más vulnerables, así como su compromiso con la educación y la cultura. Desde una profunda visión humanista, comprendió que la formación universitaria no puede limitarse a la simple transmisión de conocimientos. Por ello afirmó: “La misión de la universidad no es solamente aprender cosas. Ustedes tienen que formar a los chicos y a las chicas en los tres lenguajes humanos: el de la cabeza, el del corazón y el de las manos; de tal manera que aprendan a pensar lo que sienten y lo que hacen, a sentir lo que hacen y lo que piensan y a hacer lo que sienten y lo que piensan”. Esta reflexión cobra especial relevancia en un país que necesita transformaciones profundas y que no puede permitirse retroceder frente a los desafíos del presente.

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