“Conservo las curiosidades de la infancia, las aspiraciones de la adolescencia, las responsabilidades del adulto y, como anciano, intento nutrirme de la experiencia de las edades que he atravesado” (Edgar Morin)
I. LA ILUSIÓN DEL PUNTO DE PARTIDA
Llegamos a un escenario que ya estaba montado antes de nuestro primer aliento. Habitamos paisajes urbanos y rurales cuya topografía fue modelada por manos cuyos nombres la historia ha olvidado; nos expresamos en lenguas cuyos matices se fraguaron a lo largo de milenios; adoptamos normas, ritos sociales y categorías de pensamiento que jamás elegimos. Y, sin embargo, la cultura contemporánea padece un adanismo patológico: la persistente ilusión de que la historia humana recomienza con cada generación y de que el presente es el único tribunal capacitado para juzgar la totalidad de la experiencia terrenal.






